Entradas

Día 417

Imagen
Que vuelvan los lentos. Pero no esos refiriéndose a las baladas clásicas que todos quieren bailar a la luz de las velas. Me refiero a aquellos lentos para pensar, para tomarse una tarde libre, para guardar flores en los libros y congerlar su belleza entre las hojas. Que vuelvan esos lentos que eran sólo para escribir por placer, para sentarse a reflexionar sobre lo nostálgico que suena la lluvia al caer un domingo cualquiera, y a pasarse el día leyendo otras almas empedernidas que buscan cambiar el mundo solo con bonitas rimas. Añoro esos tiempos que no se que hacíamos sin celular, pero que la pasábamos bien. Se ve que aún no me resigno a la idea de que aquello se acabó para algunos y que la felicidad no es que desaparece, solo se transforma en otra cosa, atropellada por la modernidad y una falsa madurez que a todos nos llega.

Día 416

Imagen
Han pasado años, y mucha agua bajo el puente. He olvidado incluso como expresar algunas ideas, no se porque antes me era más fácil transcribir mis emociones como si los estuviera masticando y supiera a que saben. Salen palabras y las borro a la par, he perdido la gracia pero no así la pasión por expresar lo que quizás otros prefieren callar. Tampoco he vuelto a probar café, ahora me parece tan amargo y para insomnio ya tengo para entretenerme, con cuantos pensamientos inconclusos llegan revoloteando y desaparecen, sin llegar a ningún puerto, solo están ahi buscando las rimas adecuadas hasta que se aburren de simplemente estar. Pero aún me gusta creer en la idea de que todo se puede renovar, y no hablo de reencarnar (no, definitivamente yo no creo en eso), solo hablo de dejar que las cosas se  transformen y así avanzar. Por ahora solo andaré quitando un poco de polvo a este viejo teclado, quizás valga la pena, quizás alguien más lo lea.

Día 415

Imagen
A dónde van a parar todo lo que en su momento no nos dijimos, lo que no supimos como decir, lo que callamos, que nos tragamos dolorosamente como las espinas de una rosa que no te deja estrecharla entre tus brazos, y que prometimos primero, juramos luego y terminamos perjurando olvidar, por miedo, por no saber ponerlo en contexto, y evitar así que las cosas se malentiendan, se vayan para otro lado al que no sabríamos remontar y ya no se podría encajar, como un rompecabezas que ya fue planeado y pensado simétrica y milimétricamente para no fallar. Y aún así, de puzzle no teníamos idea, pero supimos salir victoriosos en una contienda de miradas silenciosas, defendiendo por sobre todo nuestros respectivos orgullos y que la razón sea la única mediadora; solo así ni vos ni yo podríamos haber perdido más de lo que ya dejamos en el campo de apuestas. Cada cual seguiría su vida, un rumbo incierto con determinación, con la frente en alto y con el corazón a medio andar. Dentro de todo eso qu